martes, 25 de noviembre de 2008

CUANDO TE VAYAS DE MI

Cuando te vayas de mí
te olvidarás de todo lo que me dijiste
y te irás borrando poco a poco de mis versos.

Y tú sonrisa vibrante y seductora
se perderá entre la niebla olvidada de mis besos.

Yo seguiré soñando que nos veremos algún día
y pensaré: "es bella todavía"
Tú pensarás: "es cada día más viejo"
Tu irás sola o con un hijo que debería ser nuestro.

Y seguirá acabándose la vida,
igual que un río que corre hacia el desierto.

Tal vez alguna canción de entonces
evocará tu recuerdo.

Y en esa noche triste pensaré en ti,
y te volveré a hacer un verso.

Yo seguiré soñando,
pero ya no serás la imagen de mi sueño.

Tú también de seguro ya me habrás olvidado
cuando sobre tus rodillas retocen bellos nietos.

Y una tarde sin sol cuando me cubra la tierra,
tú con los ojos tristes, y los cabellos blancos
pasarás las horas viendo tele o pensando
que cada primavera renacerán las rosas

Aunque ya tú estés vieja,
y aunque yo haya muerto.

Francisco Pardavé
(Como homenaje a José Ángel Buesa)

viernes, 21 de noviembre de 2008

A LA DISTANCIA

A la distancia de este amor
aún puedo gritar que te amo
que no es posible arrancarte de mi corazón
y que la vida me ha enseñado a amarte sin condición
Que para algunos sera una locura
pero para mi se llama amor
este amor que es fuerte cada vez más
No se si te lo merezcas
esto no es cuestión de ti
es de lo que siente mi corazón
amándote cada vez más sin importar la distancia
Sigues presente en mi vida
me abrazas cada noche cuando mi cuerpo
se acuesta en nuestra cama
Tus brazos se sienten entre las sábanas
que me abrazan para sentirme seguro
Tus labios que corren mi cuerpo
en cada sueño que es mi realidad
por que te amo y no lo puedo negar
No se dónde estás
ni dónde te puedo encontrar
pero tu escencia se quedó junto a mi
junto a mí cuerpo
junto a mí corazón

TU CUERPO

Todos mis deseos, como un río, desembocan en tu cuerpo
En tu cálido, generoso y latino cuerpo
Tu cuerpo que no es distinto a otros cuerpos
Y sin embargo es tan distinto
Tal vez porque únicamente
Yo conozco los secretos que guarda
Es un cuerpo fértil como la buena tierra
Generoso como el buen vino
Fresco como el aire de la sierra
Abundante como el verde en primavera
Tu cuerpo, claro como la luz del día
Misterioso como la noche oscura
Oloroso como un manzano
Incitante como el mar revuelto
¡Cuántas veces he navegado por ese mar
Sin haber naufragado nunca!
Conozco tu cuerpo como la palma de mi mano
Como el jardinero a sus plantas
Como el alfarero la arcilla que moldea
Como su antiguo oficio el artesano
Lo conozco sendero por sendero
Colina por colina
Tu hermoso cuerpo
Como las estrellas del cielo
Como al poema que más me gusta...
Me lo sé de memoria
Francisco Pardavé
Viernes 13 de junio de 2008

ERES MI SENSACION


Eres mi sensación...
la inspiración que eleva mi alma
para hacerte poema,
en tu mirada esta tú picardía...
la ternura que domina mi corazón,
tus sentimientos saben abrazarme
con la caricia dulce que sale de tu ser...
y tu sonrisa conquista mis sentimientos.
Provocas una sonrisa en mi mirada
desnudando mis secretos,
tu esencia me envuelve en un elixir de amor...
deliciosa es tu voz que me atrapa
en una divina gracia que cubre todo mi ser,
tus labios son un bálsamo
a mis besos que dejo en ti.
Como agua cristalina
bebo de tu amor que sacia mi sed de amarte...
de amarte con lapasión viva que nace de mi alma,
eres un amanecer
de la esperanza que llega ami vida
sanando mis heridas del ayer,
con el dulce amor que dejas en mi corazón.

POR SI VOLVIERAS

POR SI VOLVIERAS
Volví a mirarme frente al espejo: las arrugas y las bolsas de los ojos se habían hecho más grandes y profundas, el tedio y la rutina se reflejaban en mis facciones. De pronto me quedé con los brazos caídos, sin saber a qué más dedicarme. Inútil era echarme de nuevo a la cama, porque dormir no podría; para distraerme encendí el televisor, fui a mi cuarto por un cigarrillo y a la cocina por una cerveza; la programación se me figuró insufrible, ni siquiera el cigarro y la cerveza me supieron bien. Me levanté y abrí las ventanas. Nadie circulaba por la calle, el único ruido, provenía del leve chasquido que producían las gotas de lluvia al azotarse contra el suelo. Saqué la cabeza por el balcón para pegar un tremendo alarido, un grito que me sacudió de pies a cabeza, y que seguramente también estremeció a más de uno de mis vecinos. Inhalé una bocanada de aire frío que me hizo toser varias veces. Después de mi exabrupto me sentí más tranquilo, cerré las ventanas, recogí la chamarra y bajé con premura los marchitos escalones del edificio; tal urgencia tenía llegar al sitio donde siempre había gente y cantinas abiertas.
El viento gélido me obligó a subir hasta el cuello el cierre de mi chamarra, de seguro el termómetro marcaría escasos grados de temperatura ambiental. Caminé con pasos rápidos para entrar en calor. Tenía hambre, un hambre inusual en mí, acostumbrado ya, por cuestiones de economía, a no cenar. Entré al primer bar que encontré abierto. Estaba repleto, pero me sentí mejor al sumergirme en ese pantano de voces y risas.
Me bebí un tequila doble a sorbos lentos, disfrutando la amargura aromatizada de la bebida que inundaba mi garganta; pedí algo de comer pero ya no quedaba nada. Maldecí a la gente que había arrasado con todo comestible. Salí de ahí y me di a la búsqueda de un lugar que recordaba. El tendajón estaba casi vacío pero había unos ricos tacos que me hicieron agua la boca. Cuando masticaba el último pedazo del suadero, vi por el espejo a una muchacha que se acercaba a mi mesa, decía algo inaudible y estiraba un brazo.
- Por favor, unas monedas para comer –me dijo.
- Mejor pide algo que yo te invito –le contesté.
La joven me dio las gracias y se sentó junto a mí. Mientras ella elegía su comida, de soslayo realicé una discreta inspección a la fisonomía de mi invitada: tenía el cabello negro, corto y un tanto disparejo de los lados, en los párpados destacaban unas ojeras como de varios días de no pegar un ojo. Su indumentaria era de mezclilla. La chica ordenó una buena ración de tacos al pastor que devoró casi de inmediato.
- Hola, soy madrileña, saludó, y me asestó dos besos, uno en cada mejilla -¿y tú eres?
- Sí soy Mexicano –lo habrás notado por el acento, ¿no?
- Sí, un poco... sabes, hablan de una manera tan melodiosa, no sé... como si cantaran siempre... a mí me parece agradable.
La joven se desabotonó la chamarra y pude ver su camiseta negra, con el estampado de Los ángeles del infierno en el centro.
- Anda vámonos de aquí –le dije.
Estuvo de acuerdo. Salimos a la bulliciosa calle.
- Jo, macho, si te apetece damos una vuelta, y si te queda dinero podemos tomar una cañita en cualquier bar, ¿vale? Espérame aquí, ahora vuelvo –me dijo mientras desaparecía en medio de la gente.
Después de unos minutos empecé a impacientarme «tal vez sea mi última noche en Madrid y yo esperando a esta tía que aquí me tiene hecho un pendejo ». Ella pareció escuchar mis pensamientos, pues la vi salir de un antro y levantó la cabeza para buscarme entre el tumulto; alcé la mano y se dirigió hacia mí, muy sonriente.
- Estamos de suerte, macho, que he conseguido unos buenos porros. Vámonos a fumar por alguna de estas callecitas.
Me tomó del brazo y partimos. Ella encendió el cigarro y lo fuimos consumiendo, cada uno a su debido turno. Nos alejábamos, silenciosamente, de las escandalosas calzadas. Sentí relajarme aún más. A pesar de no hablar casi nada, me entró la impresión de andar del brazo de una antigua conocida que me protegía, y aunque no fuera guapa ni estuviera presentable, sentí un inesperado gusto de estar a su lado.
Cerca de la estación de un metro nos detuvimos ante un callejón semioscuro, y sin ponernos de acuerdo, lo penetramos; íbamos a la mitad, cuando ella se detuvo; ahí se le ocurrió encender otro porro. Nos recargamos contra el muro.
- Cuéntame... ¿Y tú qué andas haciendo por España?
Tras un breve silencio, le dije de mi urgente partida a México y le conté de la necesidad que tenía de estar entre la gente para no sentirme solo, y de los deseos de tomarme todas las cervezas que me entraran por el cogote. Ella empezó a mirarme de otro modo, como maternal. Me pasó el cigarro. Aspiré profundo, con los deseos de que el humo inundara mis pulmones y se esparciera por los vericuetos de mis entrañas. Pretendí devolvérselo, pero ella insistió para que siguiera fumando.
- Anda majo, esto te hará sentir un poco más tranquilo.
Volví a fumar hondo. Ella retiró el cigarro de mis dedos. En el fulgor brillaron sus pupilas y me dijo algo ininteligible, se despegó de la pared y se puso frente a mí: « - ¿Qué miras guapo? »; sentí sus manos tibias que sujetaron mi cuello. Ladeó su cara y me atrajo hacia ella; mis labios se humedecieron con unos besos largos. Sentí la sangre agolparse bajo mi piel; mis dientes buscaron sus labios inferiores para mordisquearlos con ternura, y mis manos la atenazaron por la cintura, apretándola febrilmente contra mi cuerpo. La despojé de la chamarra, levanté su playera y palpé sus pechos desnudos. Ella luchaba tímidamente por apartarse, alarmada por mi reacción.
- ¡Vámonos de aquí, marchémonos para mi piso... es aquí cerca!... -le ordené con rabia. Recogí la chamarra del suelo, se la coloqué en la espalda y sin darle tiempo de cuestionar el mandato, la tomé de la muñeca y la arrastré hacia la salida de la callejuela. Después de un rato nos encontramos en la esquina de mi calle. Señalé mi resplandeciente ventana, pues había olvidado apagar la luz, en el segundo piso. Ella, temblorosa, se abotonó el chaquetón.
- Sabes majo, dejémoslo aquí... no te encabrites pero hasta aquí hemos llegado... tengo que marcharme...
No hice caso y la seguí arrastrando hacia la puerta. Seguramente desde la esquina de la calle lo vieron todo, «lo que me faltaba», porque la patrulla, con sus faros apagados se acercó hasta mi portón; los dos ocupantes nos miraron; descendieron.
- ¿Qué está pasando aquí?...
- No pasa nada oficial, mi novia que no quería entrar conmigo... eso es todo, no pasa nada...
A jalones me subieron a la patrulla. Me volví y la miré desde el asiento trasero. Me pareció más calmada porque hablaba con el que conducía, moviendo las manos pausadamente. A una seña de su pareja, el que me custodiaba se acercó al vehículo, y me bajó del coche.
Entonces sentí la heladez que me traspasaba los huesos. Me sentía un imbécil ante la absurda escena, con ganas de abrir la puerta del edificio donde vivía.
- Métete a dormir tío... pronto va a amanecer, me dijo el patrullero.
- Gracias... -contesté con un dejo irónico.
Desde la ventanilla ella me lanzó un beso que rechacé con un ademán de la mano. El auto arrancó y los tres se fueron.
En mi cuarto saqué todo el dinero que me quedaba y lo extendí sobre la cama. Tendría que cambiar algunos dólares para completar el precio del billete de avión. Éstas y otras reflexiones me ocupaban cuando oí un leve, pero insistente golpeteo en el balcón.
Eran piedrecillas sobre mi ventana. Limpié con la mano el vaho del vidrio empañado y me asomé, sin abrir. Era ella parada en medio del arroyo. Su voz penetró hasta dentro de la estancia.
- ¡Joder macho, ábreme esta puta puerta que quiero estar contigo... anda joder que me abras y deja de contemplarme como un pelma!
- Está bien, vale, me marcho, pero cuando vuelvas búscame siempre entre las plazas, entre las callejuelas, entre los bares, entre el humo de los porros, que ahí estaré... búscame que siempre tendré ganas de estar contigo... búscame, aún en tus sueños, en tus besos o en tus manoseos, búscame, aunque nunca vuelvas a Madrid.
Así la dejé marchar. Se fue alejando, con las manos entrelazadas, volviendo la vista de tramo en tramo hacia el balcón farfullando otras frases, desarticulando otras incoherencias. Desapareció de mi vista y de mi existencia. (Madrid, septiembre del 92)
Saludos Francisco Pardavé

jueves, 20 de noviembre de 2008

AMORES OLVIDADOS

AMORES OLVIDADOS

Al final del verano, Tere debía permanecer en casa de sus familiares por algunos días, mientras que yo debía regresar a mi casa esa misma noche. Por ello, consideramos que separarnos tan pronto era muy triste y decidimos pasar el día juntos, para despedirnos solamente cuando yo tomara el autobús de regreso. Así, fuimos a una hermosa playa donde calidamente transcurrió nuestra mañana, el lugar estaba casi desierto y aprovechamos cada momento de soledad para abrazarnos con ternura.
Por la tarde, decidimos acudir a un cine para ver un film romántico. En la oscuridad, entrelazamos nuestras manos para disfrutar de aquel momento de cálida unión. Salimos cuando la tarde ya caía y Tere me invitó a caminar a un parque muy discreto donde pasaríamos nuestros últimos momentos juntos; en aquel hermoso lugar, vimos el atardecer y a la luz de la luna, renovamos nuestras promesas de amor.
El momento de la despedida llegó y Tere me prometió que nos veríamos en menos de una semana. El momento fue muy triste para ambos pues la gloria de nuestro amor se veía quebrantada por la inesperada separación que nos afectaba. Pasaron varios días y ante su ausencia, me preguntaba si podría soportar tal carga emocional de extrañarla dolorosamente y sin remedio.
Cuando pensé que ya no la volvería a ver, recibí una increíble sorpresa al verla aparecer por mi casa. Nos encontramos y abrazamos efusivamente. Ante la presencia de mi madre salimos a caminar y no pude soportar el deseo de preguntarle por qué no había llegado antes como me lo había prometido, a lo que ella respondió que nole fue posible dada la presión de sus padres.
- Te extrañaba demasiado - dijo con leve tono de melancolía, deseaba estar contigo lo más pronto posible.
Aquellas palabras me enternecieron y me llevaron a contestar casi de igual modo.
Un extraño deseo de estar juntos nos poseía, un apetito de abrazarnos y besarnos infinitamente. Yo no había conocido hasta ese momento un amor con fuerza tal. Era una pasión incontrolable que me obsesionaba de manera permanente.
Llenos de ternura por nuestro feliz reencuentro, empezamos a buscar lugares solitarios e íntimos donde pudiéramos besarnos cada vez más con mayor pasión.
A partir de entonces, cada día nuestras almas se unían más y más consolidando una relación de gran estabilidad en todos los sentidos. Compartimos amistad y amor creando un mundo personal. Entonces algo nuevo surgió en nuestra relación, que despertaba y se hacía sentir cada vez más con mayor intensidad, algo que sentíamos en su magnitud... era el deseo carnal que despertaba con su ardiente mensaje. Comenzamos a platicar largamente sobre el tema del sexo., a veces en tono de broma y otras veces, con mucha seriedad.
El argumento fue en aumento, pues en nuestros momentos de intimidad, una gran excitación se apoderaba de nosotros. Aquella seducción física nos complacía y atormentaba a la vez pues no podíamos aún realizar el sexo en su plenitud y sólo quedábamos con una excitación terrible que se convertía en ardientes sueños nocturnos o interminables pensamientos sobre la eventualidad de hacer el amor ya en forma definitiva.
Poco tiempo después, empezamos a escribirnos cartas ardientes entre nosotros y en poco tiempo, las misivas eran verdaderos relatos eróticos que cruzaban por nuestras mentes y que soñábamos algún hiciéramos realidad.
Lamentablemente, por un descuido de mi querida novia, su madre descubrió una de mis cartas y al leerla, reaccionó violentamente contra ella intentando incluso, agredirla. Tere se defendió de aquel ataque maternal pero ya la crisis había comenzado. Su madre comunicó la noticia al padre de mi novia quien afortunadamente reaccionó de manera más pasiva. Por mi parte, también recibí las violentas palabras de la madre de Tere que se oponía definitivamente a nuestra relación. Su padre se acercó a mí y me declaró que él no estaba de acuerdo con lo nuestro pero si ella se sentía feliz junto a mí, no haría mayores problemas.
Al poco tiempo, y de manera inexplicable, la madre de Tere cedió en su argumento y fue cambiando hacia un tono más amable para con nosotros. Creo que, de algún modo, había llegado a aceptar la relación de su hija conmigo. Para mayor sorpresa, empezó a tomarme cierto aprecio y su trato hacia mí se torno más cálido y contemplativo, llegando incluso a preocuparse por las cosas de mi vida.
Cuando la crisis familiar que nos afectaba cesó, nuestra relación volvió a ser normal y a hacerse cada día más fuerte y estrecha. De algún modo habíamos conquistado terreno para expandir nuestro amor a horizontes más amplios.
No sé si lo pueda afirmar, pero de pronto me hice importante en la vida de Tere y su familia, en una agradable relación. En esta condición más estable y apacible, nuevamente regresaron a nuestras mentes, el deseo carnal y la ilusión de realizar definitivamente nuestra relación con la entrega sexual.
Así, nuestros encuentros íntimos volvieron a llenarse de excitación y deseo. Ya no tan sólo nos besábamos, sino que tocábamos nuestros cuerpos quedando presos de una gran exaltación. Todo esto tuvo como consecuencia, que nos estrecháramos cada día más, madurando nuestra relación en todos sus sentidos. Nos hicimos así, amigos, confidentes, cómplices y muchas cosas más. Sólo el sexo era algo que nos perturbaba y aún no habíamos alcanzado su plenitud, a pesar que dominaba plenamente nuestro pensamiento.
Una noche de sábado, luego de una fiesta de la escuela, tuvimos la oportunidad de estar bastante íntimos en una situación bastante especial. Regresábamos a casa en el coche de mi padre, cuando sentimos la tentación de detenernos frente a la costa mirando la playa que se ilumina en las noches de primavera. Muchas parejas en sus carros habían hecho lo mismo.
Durante algunos minutos, Tere y yo estuvimos mirando lo bello del lugar, mas en un instante, mi querida novia se abalanzó sobre mí, con abrazos y besos muy apasionados, lo que provocó que nuestras caricias fueran aumentando de tono. De pronto y casi sin darnos cuenta, nuestras manos buscaban las partes más sensibles de nuestros cuerpos.
Tere había abierto los botones de mi pantalón para liberar de su prisión a mi endurecido sexo. La noche y el ambiente contribuían igualmente a que fuéramos presas de una gran excitación, por lo que nos pasamos al asiento de atrás despojándonos de nuestras vestiduras. Luego de consolarnos sexualmente y otorgarnos divinos placeres, concluimos que de algún modo u otro, era imperioso que viviéramos nuestra sexualidad de manera más normal e intensa. Entonces nos prometimos mutuamente, encontrarnos pronto en algún lugar íntimo para hacer el amor sin las incomodidades de aquella situación antes descrita.
Abandonamos entonces aquella parada tan sexual y maravillosa, con la promesa de un pronto encuentro formal. Por desgracia esto no sucedió ya que sus padres se la llevaron a vivir para siempre a otra ciudad. Yo me quedé desolado y durante muchos años no pude enterrar estos momentos en el baúl de mis recuerdos olvidados.
SALUDOS
FRANCISCO PARDAVE

AMORES DE INTERNET

AMORES DE INTERNET

Nuestra historia comenzó en el Internet. Fue un día como todos en los que yo entraba a chatear un rato, conocía muchas amigas y amigos en la red y evitaba conocer gente de la capital, pero ese día fue diferente; yo saludé y me respondió una amiga del club que vivía en la ciudad. Conversamos más de tres horas; yo le dije que tenía que salir y ella me dio el teléfono de su trabajo y su nombre. Al día siguiente la llamé y desde ese día comenzamos a mantener comunicación telefónica y a escribirnos por Internet, eso fue por casi un mes, hasta que decidimos conocernos en persona, así que nos citamos a las 7 p.m. en un café cerca de la ciudad en que vivíamos, pero para ubicarnos, describimos como iríamos vestidos.
Bueno, llegó el momento: yo esperaba; veía pasar gente y no sabía si alguna era ella, hasta que una mujer se me acercó, de inmediato supe que era ella; me saludó y nos pusimos a conversar, era como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo, había la misma química que habíamos sentido en la computadora. Fue una tarde-noche muy agradable; desde ese día, empezamos a mantener una relación amorosa muy discreta, nuestros encuentros eran muy felices para ambos, por desgracia, tuvimos algunos problemas y nos distanciamos por unas semanas, pero lo nuestro era más fuerte y regresamos.
Así pasó el tiempo y seguíamos viéndonos dos veces a la semana, pero lo nuestro no podía ser más que a escondidas, porque ella era casada. Nos prometimos que esto no nos afectara y ninguno pediría o exigiría al otro algo que no podría dar.
Después de un tiempo, ella se fue a trabajar a otra ciudad mas al norte, por tres meses, para mí los días se me hacían eternos y mi única ilusión era esperar que me llamara y saber que seguía pensando en mí. Por fin, un día me llamó por teléfono y me pidió que fuera a verla. Anduve con ella todo un fin de semana y fue algo tan maravilloso que creo que nunca lo olvidaré...
A su regreso, nuestra relación fue más intensa y nos veíamos casi todos los días, pero como no siempre sale todo como uno lo quiere, llegó el día en que me dijo que la habían trasladado junto con su esposo a una ciudad muy lejana y que tenía que irse. Para mi fue terrible el saber que nos separaríamos y no nos veríamos nunca mas.
Ahora la busco todas las noches por el chat o en mi casilla de correo del Internet, pero nunca me responde. Yo se que anda por ahí, en el inmenso mundo de las ondas electrónicas, tal vez tratando de contactar a otro que converse con en ella, ojalá lo encuentre.

Saludos
Francisco Pardavé